Que no descanse en Paz

videlaImagínense una muerte perfecta: durmiendo, en calma, luego de haber vivido una larga y fructífera vida. Ahora imagínense que en ese escenario se interponen una cárcel, un dictador de 87 años y que el fruto de esa longeva existencia es la tortura y desaparición de miles de personas. Este panorama, tan infame como macabro, es el que envolvió las últimas horas de Jorge Rafael Videla.

El primer gobernante de la última y definitiva dictadura argentina falleció a las 6.30 de la mañana (hora local) en su celda de la cárcel federal de Marcos Paz, donde estaba condenado a 50 años de cárcel por el robo de bebés.

Cecilia Pando, esposa de un militar, confirmaba esta mañana que “Videla murió durmiendo. Anoche no quiso cenar porque se sentía mal”. Sin embargo, informaciones judiciales indicaron que tuvo molestias estomacales y cuando estaba ingresando al baño, cayó al piso y falleció.

A pesar de haber pasado sus últimas horas en una celda, Videla había pasado gran parte de su vida post-dictatorial en prisión domiciliaria con privilegios, hasta que el 22 de diciembre de 2010 fue condenado a la cárcel común. El 5 de julio de 2012, fue sentenciado nuevamente, ésta vez a 50 años en prisión por el secuestro sistemático de niños y neonatos y era esta la condena que cumplía cuando llegó la fecha de su muerte.

Jorge Rafael Videla nunca mostró arrepentimiento por los crímenes de los que se lo acusaba y por los que fue condenado, creyó hasta último momento que lo que hacía era en defensa del bien público.

Fue sin dudas uno de los hombres más controvertidos y odiados de Argentina, ya que no sólo está implicado en el proceso de desapariciones y robo de bebés, sino que fue el primero en inaugurar la deuda externa, de la que se beneficiaron distintas compañías como Techint, IBM, Ford y Fiat o familias propietarias como los Pérez Companc, Fortabat o Macri, que pagaron sus deudas con el préstamo del FMI.

La República cierra con esta muerte un capítulo más de una sangrienta historia, la del Proceso de Reorganización Nacional, la dictadura que gobernó argentina desde el 24 de marzo de 1976 hasta 1983, cuando las urnas volvieron a darle el poder al pueblo luego de la Guerra de Malvinas, peleada contra el Reino Unido en 1982.

Durante este período los cuatro presidentes de facto (Videla, Viola, Galtieri y Bignone) avalaron y fomentaron un proceso de terrorismo de estado, mediante el cual se secuestraba a las personas acusadas de subversión.

Una vez detenidas se utilizaba sobre ellas diversos métodos de tortura, como descargas con picanas eléctricas, simulaciones de fusilamiento, encadenamiento, violaciones e introducción de objetos metálicos en la vagina o el ano para la posterior aplicación de descargas eléctricas  a través de ellos, además de la reclusión – que podía durar varios años – sin juicio.

Muchas de las embarazadas secuestradas o parejas con niños pequeños fueron separadas de sus hijos, que se dieron en adopción a familias cercanas a la cúpula dictatorial o la milicia.

Según el informe de la CONADEP, titulado Nunca Más y redactado por distintos investigadores entre los que se encontraba el escritor Ernesto Sábato, indica que “por lo menos hubo 8.961 desaparecidos”, aunque distintos organismos de Derechos Humanos, como las Madres de Plaza de Mayo, sostienen que la cifra está más cerca de los 30.000.

Sea cual sea el número, hay un veredicto sostenido por la opinión pública argentina, un grito unísono que este viernes 17 de mayo de 2013 resuena más fuerte, el pronunciamiento unívoco del “Nunca Más”.

V. FURLAN

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