El riesgo de otra guerra en Irak

Sus colores derivan de la bandera de la liberación árabe. El negro significa la opresión, el rojo la superación a través de lucha sangrienta y el blanco el reemplazamiento por un futuro brillante. Es la bandera de Irak aprobada en 2008 para sustituir la de la época de Saddam. En verde, escrito sobre el blanco, se lee el Takbir, una expresión árabe que significa ‘Dios es grande’.

Quizás tras la captura de Saddam y el fin de la dictadura, el pueblo iraquí, y especialmente los kurdos, víctimas de la persecución del régimen, esperaban un ‘futuro brillante’, inmortalizado en el blanco de su bandera. Sin embargo, no ha sido así.

En las últimas semanas Estado Islámico, una especie de descendiente de Al Qaeda que también es activo en Siria, ha aterrorizado cristianos en Mosul, amenazado la región semi-autónoma kurda y ha provocado que miles de miembros de la minoría religiosa Yazidi se hayan visto forzados a refugiarse en el monte Sinjar. Ante esta situación Estados Unidos ha decidido pasar a la acción -ayer hizo una semana desde que empezó la operación militar estadounidense-.

Cuando explicó al pueblo americano el porqué de esta intervención, Obama advirtió que se trataba de una operación “limitada” y prometió que no permitiría que su país entrara en otra guerra en Irak. Sin embargo, la experiencia de las interminables guerras contra el terrorismo empezadas por la administración Bush tras los ataques del 11-S llevan a muchos a desconfiar.

A desconfiar en dos sentidos. El primero, una intervención estadounidense para debilitar el radicalismo islámico no garantiza estabilidad en la región. El segundo, EEUU sabe bien cómo empezar guerras (aunque a menudo sin una estrategia definida) pero no cómo terminarlas.

Como bien describe Andrew J. Bacevich en este artículo de LA Times, los atentados contra las torres gemelas de Nueva York inspiraron Bush para hacer de Irak la pieza central de su campaña para transformar Oriente Medio. “En lugar de liberar y democratizar Irak, como prometió, Bush lo destrozó”, asegura Bacevich.

Ahora, tres años después del fin de la invasión de Irak -que todavía hoy sigue considerándose ilegal e injustificada- y tras ocho largos años de ocupación militar, es un país débil e inestable, lejos de una estabilidad democrática y con unas inefectivas fuerzas militares. Y la situación no es más que el resultado del coste de la ocupación norteamericana. La vuelta de Estados Unidos al país indica lo poco que han aprendido de los errores del pasado. Nada sería más estúpido para Obama que meterse en otra guerra en Irak.

Algunos datos sobre la Guerra de Irak

En 2010 WikiLeaks publicó Irak War Logs (Registros de la Guerra de Irak), 391.832 documentos del Departamento de Defensa de EE. UU. sobre la guerra de Irak y su ocupación entre el jueves 1 de enero de 2004 y el jueves 31 de diciembre de 2009 en los que se revelan, entre otros asuntos, el uso sistemático de torturas, la cifra de 109.032 muertos confirmados en Irak -de los que 66.081 fueron civiles, el 63%; 23984 ‘enemigos etiquetados como insurgentes’; 15.196 del “país anfitrión” (las fuerzas del gobierno iraquí) y 3.771 fueron muertos “amigos” (fuerzas de la coalición)-. Cada día, de media, murieron 31 civiles, durante un período de seis años.

 

BLANCA BLAY

blanca.blay@gmail.com

@BlancaBlay

 

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